Jesús Castellanos | ‘Todos los días de mi vida’

25 de abril de 2015

Artículo publicado en la revista digital www.latribuna.org

Así, y se quedó tan pancho. Qué poco cuesta decir algo tan grande. Tan imposible, tan inabarcable.

Giraba en la festividad de Cristo Rey el Cristo Resucitado, de la calle San Agustín a Granada.  Quién lo diría, la Plazuela Jesús Castellanos, justo donde se asoman al balcón cerámico los titulares de la Sentencia y un trozo del pregón de Semana Santa del Año Jubilar nos recuerda la voz de Castellanos hablándonos del derruido barrio del Perchel y su Virgen de los Dolores del Puente. Allí, donde tantos adolescentes se toma su primera ‘papa asada’ con su primera cita. Justo allí.

El Cristo de Capuz sobre el trono salesiano daba la curva imposible y observaba vacías las ventanas del profesor de medicina cofrade. El triunfo sobre la muerte; del que lo dio todo por aquel que no tenía nada. Me encontraba con mi padre, viendo a su lado la primera procesión después de un período de convalecencia, y aquellas ventanas estaban vacías. Por mi mente discurrieron como en un flash diversos momentos vividos con él, en su mayoría episodios relacionados con el mundo de las hermandades, la Universidad el Museo de la Agrupación, ahora, de él.

Además de mi padre, alrededor mía mi gente, mis amigos, mi vida. La ‘zona de confort’; ese lugar físico y/o emocional donde estás seguro, protegido. Donde cobra sentido lo vivido. Marchas de fondo y aquellas ventanas vacías. Desde aquella ventana Jesús fue uno de los pocos que, públicamente, defendió la soberbia talla de Capuz, con argumentos, artísticos, históricos y antropológicos.

En aquellas antiguas bancas de madera marista se sentaba Castellanos al lado de mi padre; y de otros tantos, como Fernando Orellana, Coco Jurado o Adolfo Gabrielli. Gente especial alrededor de la cual uno se siente seguro, gente que me vio crecer. Hacerme cofrade y persona.

 

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‘Premiar a los buenos, y castigar a los malos’

No todo fueron luces, que ya todos sabemos que abundan como una noche de Semana Santa en la Alameda Principal. Las genialidades de Jesús todos las conocemos, en su diversificación de facetas relacionadas con este bendito mundo de alabanza a los Sacramentos, Jesús y María. Esas son fáciles de desarrollar hasta caer en el panegírico. Hablar de lo magnífico estudiante que era Jesús, trabajador, servicial, etc., sería demasiado predecible, más de lo mismo. Para eso, o para exaltar amistades ficticias, ya están otros ‘reporteros’, cuyo afán de protagonismo les lleva a llenar páginas hablando maravillas de una persona a la que, en la vida real, vetaron por su fuerte personalidad. Porque lo que dijo en el Cervantes “no vendía periódicos”. Otros, en cambio, cual personajes salidos de una película de Berlanga, iletrados y ruines como el diablo, son capaces de difamar al que se fue, a través de las redes sociales, añadiendo su patética cara a las múltiples definiciones de ‘cobarde’ en el diccionario. Desestimado Curro Troya, ruin consuelo el aplauso de muchos. (anónimo)

 

‘No hay atajos a la excelencia’

Hoy me voy a mojar y voy a contar algunos momentos de discrepancias con mi maestro cofrade, situaciones que crearon polémica, a la que él siempre estaba abierto de argumentar. “Eso es una porquería” o “para esto no me llames” era lo más bonito que me decía al hablar de mis estudios. Desde el cariño, hubiera tirado a la basura mi proyecto fin de carrera, porque los fallos en la redacción de la bibliografía y las citas a pie de página eran evidentes. El orden de los párrafos, el índice o las tabulaciones hubieran sido para él, razones suficientes para no superar el aprobado. Ahora, cuando escribo algún artículo, reviso el ‘manual sobre la redacción blibliográfica’, algo que me sacó de su chaqueta un 5 de Enero, hablando sobre la cabalgata. “Por el camino más corto siempre te perderás algo”, repetía constantemente.

Quizá se convirtió en demasiado agrupacionista (y no sólo por ser el ideólogo del Museo que lleva su nombre) y tener llave del ente como el que entra en su casa. Su amor por la institución creada por Baena en 1921 le llevó a ser un defensor de cerrar la puerta a nuevas incorporaciones. Recuerdo varias conversaciones sobre este tema, donde yo trataba de explicarle lo positivo para la ciudad que sería que hermandades del extrarradio bajaran al centro, diciéndome siempre que la labor de las mismas “debía quedarse en sus barrios”. Al preguntarle yo sobre su cofradía, la del Puente, relativamente reciente, le decía que bajo esos argumentos, debería haberse quedado procesionando por El Perchel, y no cruzar el puente, ¿para qué ir al centro?, le preguntaba. “es diferente”, me decía.

Jesús, aunque no asumía de buen grado las críticas a sus obras, era un punto de inflexión para aquellos que caían en la vanagloria cofrade. Seguramente hubiese matizado el exceso de información del trono de la Redención, además de su tonos demasiado oscuros. Hubiese puesto algún pero a tanto bombo y platillo a la exposición del año de la fe, y seguramente al recorrido con tantas curvas y a los tronos con imágenes tan elevadas, como la Reina de los Cielos. La discreción la llevaba a rajatabla. Discreción bajo la cual se escondía un altísimo nivel teológico, fruto de años de estudio y reflexión, desconocida faceta para muchos, salvo para aquellos que se lo encontraban dando charlas, retiros o comprando en la librería de calle Granada.

Al inminente ingreso de las cofradías de barrio le habría sacado punta, y más aún a la posición de la cruz del Redentor del Mundo y sobre todo al inexplicable cambio de advocación inicial, como demuestra el Veritas (Verdad) que figura en el escudo corporativo. Para él este tipo de ‘improvisaciones’ mostraban carencias de diversa índole, que, evidentemente, criticaba abiertamente, con argumentos.

 

Traslado de la cruz de la JMJ - 2011

Traslado de la cruz de la JMJ – 2011

 

‘Con alegría’

Genio y figura, hubiese matizado que su trocito de pregón, colocado cerámicamente frente a su casa, en su actual plazuela, está demasiado alto y no se lee, y al amigo Montesinos le hablaría de la desproporción de sus dos magníficos murales de la Sentencia en relación a la fachada de su negocio en Granada, el de las ‘papas’.

Un tipo sumamente inteligente, que entendía a la perfección la esencia de una cofradía. Lo que es, y lo que no es. Su pregón, que él mismo definía como “rigurosamente falso si no lo lees con alfileres” llegó antes de tiempo. Llamadas de atención ante hechos que todavía no habían ocurrido. Se atrevió a criticar a los políticos por su desidia con las bandas de cornetas y tambores, y nadie lo escuchó. Un pregón impregnado de amor por María, referencia y meta de su propia vida. La alegría que transmitía generaba vida y amistad a su alrededor, calmaba tempestades y acercaba posturas, además de permitir al contrariado olvidar su pena. Recuerdo, un día de Septiembre de 2004, una llamada suya que hizo por momentos que me olvidara de esos benditos tubos y vías que cada día, a millones de personas, las atan a la vida en incómodas camas de hospital. Me ofreció una oración y mucha fuerza, y colgó. Hablar de Dios, una catequesis al alcance de muy pocos. Siempre joven, como vimos en la JMJ de Madrid, el claro ejemplo de que uno envejece cuando no está alegre. Abanderó la llegada de la Cruz a Málaga, aquella madrugada en la playa, porque su alegría y vitalidad estaban intactas. Era mucho más joven que todos nosotros.

Por supuesto, hubiera criticado este artículo, sin sentido de principio a fin.

Era Diciembre, víspera de Navidad. Mis eternos compañeros y amigos, Leiva y Pozo, me esperaban para una salida bicicletera. 7 de la mañana. Al bajar por las pérgolas, paralelos al rio, apareció Jesús camino de Sto. Domingo. La pregunta, clara:

‘¿Qué haces a las 7 de la mañana, Jesús?’

‘El belén, que mañana nace y no tenemos ni al ángel colocado. Y vosotros, con la bici, estáis locos’

‘Todos lo estamos, si estamos aquí hablando a esta hora, y yo con un casco lleno de barro. Pero verte aquí a esta hora, me hace preguntarme cuántas veces habrás venido a ver a tu Virgen, ¿mil? ¿un millón?’

‘Dos veces al día, todos los días de mi vida’.

 

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CategoríaMis cosas

5 respuestas a “Jesús Castellanos | ‘Todos los días de mi vida’”

  1. Miguel A. Vargas Jiménez dice:

    Querido Alan:
    Gracias por recordar a nuestro querido amigo Jesús. Me he emocionado al ver algunas de las fotos que has puesto en este artículo porque el autor de las mismas soy yo, que tuve la suerte de compartir contigo y con esa buena gente que aparece en ellas muchos momentos imborrables de mi memoria. Enhorabuena por esta iniciativa y si algo puedo aportarte, ya sabes donde encontrame.

  2. Alan dice:

    Amigo Miguel, sí, es emocionante. Tú viviste muchísimas cosas más que yo. En el recuerdo quedan. Tenemos la misión de seguir trabajando por la Semana Santa al igual que él lo hacía, aunque con mucha menos capacidad…

    Un abrazo

  3. Carmen dice:

    Era un maestro, una luz, una guía. Lo que soy de cofrade lo aprendí de el…..y me dejó los mejores consejos para la vida. En mi memoria está presente cada día. Sembró mucho y bueno.

  4. Emilio dice:

    Yo también viví momentos importantes e inolvidables junto a Jesús en nuestra Cofradía del Puente. Aún tengo húmedo los ojos. Siempre estará en mi memoria.